Por
fin ha llegado el mes de diciembre que para mí lo considero como el mejor del
año por todo lo que representa como son: muchos cumpleaños, para los católicos
la celebración de la Virgen de Guadalupe, la llegada de las posadas que son
fiestas tradicionales, la celebración de la cena de navidad, la floración de la
tradicional planta mexicana –la
nochebuena-, los regalos de fin de año, la fiesta de fin de año con su
fastuosa cena de celebración y para muchas gentes el pago del aguinaldo, la
gratificación o la compensación anual, así como las esperadas vacaciones de los
escolares y algunas empresas que acostumbran darla a sus empleados.
Después
de esta enorme lista de celebraciones, no creo que algún otro mes se le parezca
y aunque para algunos les causa tristeza por el recuerdo de algún familiar o
amistad que ya no está presente. Supongo que debemos dar gracias por estar
vivos y disfrutar de todo lo que tenemos y muchas veces no lo apreciamos porque
quisiéramos tener otras cosas que faltan y eso nos entristece.
En
algunas religiones es una costumbre común, encender una pequeña vela que
representa muchas cosas y la realidad es un símbolo de luz, que se encienden el
primer día de cada mes, y considero que en la mayoría de los casos más que para
pedir muchas cosas, más que para agradecer tantas cosas que hemos recibido.
Lo
que siempre ocurre con las desigualdades que muchas gentes lo tienen todo o
casi todo y otras que no tienen casi nada. Considero que ni siquiera me
preocupa esa abundancia en medio de tan grandes carencias. En la mayoría de las
veces me posesiono en mis cosas con marcada indolencia que cuando me doy cuenta
que existe mucha pobreza, tal vez me desentiendo y me distraigo en otros
acontecimientos.
En
esos casos debería encender una vela aun virtual para pedir perdón por esos
momentos de indiferencia. Aunque es bien sabido que cuando se piden muchas
cosas que se desean, el milagro de recibir está siempre ligado con otro milagro
tal vez más importante que es la función
de DAR.
Tal
vez por eso me he inclinado a dar mi tiempo y aplicar mis conocimientos en una
Fundación en la aplicación de mis servicios que es algo de lo mío, con aquellos
que verdaderamente lo necesitan como es la atención de los ancianos que mucho
necesitan de ser escuchados y que les ayuden en el transcurso de su vejez.
Afortunadamente
eso lo estoy haciendo con mucho interés. Si las cosas no fueran así para mí,
habría preferido apagar esa vela que encendí en este mes a esa Divina Providencia que se encuentra en todos
lados y que si no lo hiciera así, la vela se apagaría por sí sola para
recordarme con frecuencia mi indiferencia, mi egoísmo y la marcada ceguera que
me impediría ver a todos aquellos que les falta todo lo que a mí me sobra pero
que lo puedo compartir con agrado y mi deseo solamente es ayudar al
prójimo.
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