Donde la historia y la gastronomía viven a un ritmo amable y se superan para explicar por qué tantas personas llegan a esa ciudad y tantas de las que conocen la ciudad deciden quedarse a vivir. Parte de la respuesta está en su pasado y otras en su presente caminando sus calles entre almendros, ceibas, flamboyanes y entre gente amable.
Cuando los españoles llegaron a la península de Yucatán, las grandes metrópolis mayas (Calakmul, Edzná, Chichén Itzá) ya no funcionaban como en su época de esplendor.
La ciudad de Mérida tradicional se ha ido perdiendo con los años. Mucha gente que ha llegado se va quedando en ese lugar y la población ha crecido mucho, se han creado muchas colonias en los alrededores del centro y se han construido edificios altos.
El mercado sigue siendo un punto clave para entender la tradición de ese lugar donde huele a achiote, donde conviven las clases sociales y llegan productos de los pueblos cercanos. El turismo es una pieza vital que representa el 16 por ciento de la economía estatal.
Caminar por Mérida es recorrer diversas capas de tiempo. Debajo del asfalto, la piedra maya, y sobre ella la ciudad colonial.
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